MIEDO
Tanto y tan poco. Unos más y otros menos. Y es que nos convencemos de que tener miedo de algo tiene que ser malo o que nos tiene que avergonzar. O por lo menos eso creemos hasta que llegamos atener la suficiente madurez como para poder o querer afrontarlos.
Sin embargo, lo que me ha llevado hasta aquí no ha sido el que no tenga la suficiente madurez para afrontarlos; sino que me cuesta afrontarlos (o directamente no querer).
Miedo al futuro. Miedo al fracaso. Miedo a no llegar a cumplir todas mis metas u objetivos a largo plazo. O por lo menos a aquellos que estoy completamente segura que me gustaría cumplir. Miedo a tener expectativas. A las expectativas truncadas, otra vez. Miedo a la decepción. Miedo a la incertidumbre de no saber que me deparará el futuro. Miedo a no poder despedirse. Miedo a no tener tiempo para decir todo aquello que queremos decir. Miedo a lo que vendrá después. O a lo que no vendrá y deseo que venga. Miedo.
Estamos acostumbrados a no expresar nuestros miedos por vergüenza, por el que dirán pero sobretodo estamos totalmente equivocados en cuanto a no hacerlo. Bajo mi criterio, expresar aquello que nos asusta o nos frena nos hace valientes.
Valientes. Valientes por afrontarlo. Valientes por reconocerlo. Valientes por no darle la espalda a ese sentimiento que tantas veces nos cohibe de hacer aquello que queremos. Valientes por hacer lo que nos de la gana sin pararnos a pensar en el que dirán. VALIENTES.
Pero a pesar de ser conscientes de todo lo anterior y estar muy seguros de nuestro criterio, es muy difícil hacerlo de verdad. Y me atrevo a decir difícil, porque aunque con un poco de esfuerzo seamos capaces de decirlo, se requiere un esfuerzo aun mayor para poder cumplirlo. Que es relativamente fácil decir que nos da miedo algo pero que a la hora de enfrentarlos son muy pocos los que llegan a conseguirlo. Conseguir decir esa frase de: 'No le tengo miedo a nada', o por lo menos al futuro, al destino y a todo aquello que me tenga preparado dentro de un tiempo. Que tenga que ser lo que tenga que ser, simplemente me dedicare a aceptarlo y vivir con ello de la forma más feliz posible. a sea con expectativas truncadas, decepciones, incertidumbre y sin esas metas u objetivo alguno realizado, simplemente aceptar lo que venga, que no conformarse. Eso es lo que realmente nos hace valientes; saber que todos esos miedos serán menos si aprendemos a hacerle frente.
En fin,
solo una virtud que espero llegar a tener algún día,
sobretodo en otro sentido del que ya soy.
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