domingo, 27 de enero de 2019

¿FELICIDAD?

¿FELICIDAD?

Y es que hemos llegado a un punto en que publicar todo aquello que nos ocurre en la redes sociales esta más que al orden del día y parece que si no lo hacemos estamos atrasados o nos estamos perdiendo. Cuando es todo lo contrario.

Llevo tanto tiempo pensando en como afrontar esta entrada que no se cómo seguir, lo que me ha llevado a -tras pensarlo mucho, aunque últimamente un poco menos- borrar todas mis fotos de una de las redes sociales que más uso. Qué, ¿por que?
Porque a los de nuestra generación -los 'milenials'- se nos ha calificado como obsesionados con las nuevas tecnologías, las redes sociales, videojuegos y todo aquello que incluya una pantalla, que en vez de nacer con un pan debajo del brazo, nacemos con una tablet o con el último smartphone que ha salido al mercado y en mi caso, no es algo ni lo más cercano a la realidad. Y ya no es por demostrarle nada a ningún tercero, sino para demostrármelo a mi misma.



Demostrarme a mi misma que hay algo más detrás de la pantalla de un ordenador, una tablet o un smartphone. Demostrarme que hay risas, tardes con amigos, salidas familiares e infinidad de cosas más que pasar horas y horas delante de una pantalla. Pero sobretodo, demostrarme que hay algo más que felicidad detrás de la pantalla. Qué también hay momentos tristes, momentos de desgana total, momentos de soledad pero ante todo, son momentos que no contamos en redes sociales (en su gran mayoría).

Con esto no pretendo decir que debería ser al revés, si no que en las redes sociales solo mostramos una de nuestras cara. Solo mostramos aquello que creemos que se verá bien, aquello que nos haga parecer felices; ya sea un video, una foto o cualquier texto de no más de 140 caracteres, aquello que demuestre a la sociedad, o por lo menos a nuestro ambiente más cercano lo felices que somos o lo bien que nos va en la vida, lo bien que nos lo pasamos o los 400 amigos que tenemos en 'Facebook'

Pero no mostramos -en su gran mayoría- aquellas situaciones de desconcierto, miedo o tristeza. Aquellas situaciones que nos hacen parecer vulnerables, esas que no hacen sentir menos. Ya que todas esas situaciones lo único que demostrarían es que; como cualquier persona, hay momentos de subidas y bajadas, de lloronas y intimidad. Y quizá el problema puede que se encuentre ahí. En que lo que mostramos muchas veces, es solo una cara de la moneda y no hacemos un balance entre lo bueno y lo malo, lo triste y lo feliz, lo público y lo privado. Que no ponemos límites en cuanto a lo que mostramos y lo que no.

Cuando en realidad lo que tenemos que aprender a hacer es encontrar ese balance, esos límites.  Pero de antemano, lo que debemos aprender es a ser responsables y conscientes de todo aquello que queremos o no mostrar. Aprender que publicando aquello que nos hace feliz o aquello que queremos hacer creer que nos hace feliz, no nos va a hacer realmente felices ni tampoco va a demostrar más o menos a aquellos que nos rodean. Aprender que publicar una foto en 'Facebook', un instastorie rodeado de gente o 100 tweets de lo que nos ocurre al día no nos va a hacer mejor.

Aprender que hay algo más que compartir todo aquello que nos ocurre en redes sociales. Aprender que puedes pasártelo bien en una cena con amigos, que puedes salir por ahí sin hacerle 30 fotos a lo que vas a beber solo por demostrar algo. Aprender también, que podemos pasarlo mal, que podemos estar pasando una mala racha sin tener la presión social de subir nada a cada rato aparentando algo que no sientes.

Esa supuesta felicidad que muchas veces hemos fingido solo por el que dirán. Esa supuesta felicidad que no muestre todo aquello que nos da pavor y nos muestra vulnerables. Esa que nos obliga ha hacer en muchas ocasiones a hacer algo que no queremos.

Esa supuesta felicidad.

¿Felicidad?

No hay comentarios:

Publicar un comentario