Amargas. Así las describiría, pues para que mentirnos a nosotros mismos, casi siempre conllevan lagrimas, sueños sin cumplir o decir adiós a lo que más queremos o las personas que más queremos.
Hace poco más de nueve meses que me tuve que despedir de ti, nos tuvimos que despedir de ti. Tuvimos que decirte adiós. Y ahora, todo ese tiempo después, todavía no soy lo suficientemente consciente de que ya no estás. De que ya no podre volver a darte un beso o un abrazo a no ser que lo sueñe. Y cuantas veces lo habré soñado... ¿Cuantas veces he dicho que daría lo que sea por pasar un minuto más con vosotros?
He llegado a tal punto en el que ya he perdido hasta la cuenta. Perder la cuenta de las veces en las que pienso en como me despedí de vosotros. Una me cuesta más recordarla que la otra. Aun que lo que no se me olvidara nunca es de como fue mi repentina reacción al enterarme de todo aquello.
En el primer caso me resulto un sueño. Un mal sueño. Uno del que quería despertar cuanto antes para poder con mis propios ojos que era una broma, que no era más que eso, un mal sueño. Y en cambio, lo que descubrí al abrir los ojos fue todo lo contrario. Fue la peor frase a la que me podré enfrentar en cualquiera de todas las situaciones por las que pase mi vida. Afrontar que ya no ibas a estar para abrazarme cuando volvieses de trabajar. Afrontar que creceríamos sin tenerte. Que crecería sin ti. Algo de lo que tarde más de dos años en darme cuenta y que aun hoy en día me cuesta asumir.
Afrontar, por otra parte que tras meses de lucha, persistencia y fuerza todo iba a acabar así. Más de dos meses encerrada en un hospital y más de cinco de cuidados diarios y con personas pendientes de ti más de 24 horas no han dado sus frutos. Y está bien. Está bien por que al final de tu camino ya no eras capaz de soportar nada más. Pero siempre tenia esa fantasiosa esperanza de que llegases de nuevo al numero redondo. Algo que finalmente ha quedado obsoleto.
Despedidas que no creías que llegarían, o que al menos no lo harían tan pronto. Despedidas casi obligadas. Repentinas. Y mirara cualquier parte de la casa y verte. Recordarte. Y no creérmelo. No creerme que hace a penas dos días me estabas dando la tabarra para que te hiciese caso. Perderte sin esperarnos lo, de un día para otro. Y levantarse horas después y que ya no estés. Llamarte y que no vengas. Que se me caiga la casa encima por que ya no estas. Y tener que afrontar el futuro sin ti y sin tanta gente importante en mi vida que se ha ido y que no haya otra cosa que hacer nada mas que mirar al futuro y pensar que ya pasara. Que todo pasa. Que te harás mas fuerte con el tiempo.
Pero mientras tanto escribir esto con los ojos empañados de lagrimas y sin saber como estas consiguiendo escribir algo con sentido, como estas consiguiendo ver las teclas del teclado mientras estas intentando afrontar tanto dolor junto. Tantos recuerdos que al final solo se van a quedar en eso.
Y si os soy sincera no se ni como estoy consiguiendo nada de esto. No se de donde estoy sacando fuerzas para afrontar tantas perdidas de personas que me importan en tan poco tiempo. No se como seria capaz de afrontar la perdida de alguien mas en tan poco tiempo.
En fin, lo único que sí tengo claro de todo esto, es que os echo de menos y que os echaré aun más de menos según pase el tiempo.
Os quiero.
Gonna be alright - Kav Verhouzer, Ben Alessi.
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